20 diciembre 2009

ELLOS NO SON TAN DIFERENTES

Cuando estás encima de un escenario, con sesenta niños con la mirada puesta en ti y una sonrisa porque te están mirando; no puedes evitar el seguir actuando para que la sonrisa no se les borre nunca.
Cuando estás maquillando a una niña y, tras eso, sin conocerte de nada, te abraza; no puedes evitar el responder a su abrazo.
Cuando todos los niños quieren estar cerca de ti porque creen que eres un importante actor; no puedes evitar el actuar como si de verdad lo fueses.
Cuando le pones una nariz de payaso a uno de esos niños y te miran; no puedes evitar el reconocer que esos ojos, aunque diferentes, son sinceros.
Cuando todo parece que va mal, cuando el escenario es tan pequeño en el que ni siquiera cabemos todos los actores, cuando se funden los plomos y hay que llamar al técnico para que lo arreglen, cuando se está a punto de anular la obra porque la gente no puede asistir, cuando estás poniendo en peligro tu vida al subir al escenario y casi darte con el techo, cuando tienes la sensación de que nada puede salir como habías previsto, cuando piensas que la Fundación de Síndrome de Down va a tener que esperar a otro día para ver a Teatrosa en escena...
Cuando estás actuando, todo eso se olvida.

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