10 febrero 2010

ESCRITURA CREATIVA

"Querida madre (sabes que nunca fui capaz de llamarte mamá):
Te escribo sentado en la sala de espera del hospital en el que diste a la luz, en el que nací.
Las mismas paredes verdes, las mismas baldosas frías... Pocas cosas han cambiado aquí. Al contrario que entre nosotros.
Quizá me sienta en deuda contigo, quizá porque fuiste mi ejemplo de pequeño, como para todo niño,... Al fin y al cabo, nunca dejarás de ser mi madre.
Siempre había pensado que las madres habían sido creadas para brillar ante sus hijos, para iluminar su camino, servir de guía, de almohada sobre la que llorar. Pero tú no encajas en ese estereotipo.
Hubo un momento en el que dejé de importarte, un momento en el que quise ser sincero contigo y, gracias a eso, infeliz a partir de entonces.
No conseguiste entenderme, ni creo que lo hayas intentado. Me conformaba con que lo aceptaras. Pero siempre lo viste, y aún continúas viéndolo, como algo antinatural. No te pedía tolerancia; la tolerancia es para algo que no se soporta, como un dolor físico. Sólo esperaba que me quisieses, como cualquier madre quiere a su hijo.
Yo seguía siendo el mismo, antes y después. Yo no había cambiado. Pero tu mirada nunca volvió a ser la misma. Se mantuvo en tus ojos la decepción, el desprecio.
Y nunca podré cambiarlo. Por mucho que lo intente, por mucho que lo desee. Es algo natural.
Siempre he sentido esa atracción. No puedo evitar amar a otro hombre.
Mario me hace feliz, me complementa, me acepta. Y, además, me quiere.
En el mismo hospital en el que nací, está muriendo el hombre al que amo. Y, si él se va, no me quedará nadie. Porque tú no estás. Porque tú nunca has estado.
Y, por eso, no espero que me compadezcas, no espero que vengas a darme un abrazo y decirme que no pasará nada porque nunca lo hiciste,... No espero nada de ti.
Supongo que te escribo porque me siento en deuda por haberme dado la vida. Al fin y al cabo, nunca dejaré de ser tu hijo."

Este es el primer ejercicio del curso de escritura creativa. De nuevo, puedo escribir y tener el honor de que me critiquen, ver la opinión del lector, saber si realmente transmito lo que me propongo, conseguir técnicas y perspectivas para narrar,...
Hoy he venido a casa sonriendo. Me gustan las críticas, siempre que sean para mejorar.
Pero también me gusta que me alaben. Hoy he tenido el placer de ser alabado. De que mi texto sea alabado. Mi profesora ha resaltado la distinción entre "madre" y "mamá", la filosofía que se ve en el concepto de tolerancia, la importancia de la mirada de una madre, la idea de la deuda vital con ella,...
Ya habrá tiempo para que me critiquen, ya habrá tiempo para escribir más.
Hoy soy feliz porque me han dado un empujón muy fuerte para continuar escribiendo, para seguir pensando que la literatura merece la pena, que a alguien podrá servirle lo que escribo.
Grandes expectativas en este nuevo curso. Y una gran sonrisa de camino a casa.

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